La temporada 2003 era vista como una oportunidad para seguir consolidando el nuevo proyecto institucional de Curicó Unido, que había comenzado en el año 2000, y que se proponía retornar el equipo al fútbol profesional en el mediano plazo. De ésta manera, la dupla técnica compuesta por Esaú Bravo y Larry Aliaga tomaba las riendas del primer equipo (ya se había dado inicio a las divisiones menores).
Del plantel anterior se había mantenido al talquino Boris Aravena y a Damián Muñoz (hijo del dirigente Mario Muñoz), y se había traído como refuerzos al portero Celsio Castro (pintoresca era su camiseta con rayas verticales blancas y azules), al defensor José Mardones, al volante Patricio Luna y al delantero Omar Rivera. El inicio del nuevo ciclo no cumplió con las expectativas, y Curicó quedó fuera del torneo de apertura (2 triunfos, 2 empates y 2 derrotas). No había paciencia y Esaú Bravo era despedido.
Para el campeonato oficial llegaba el técnico penquista Alex Barrales Salgado, profesional que contaba con una vasta experiencia trabajando con divisiones menores de la octava región. El desarrollo del torneo fue irregular para los albirrojos, que sin embargo igual seguían con claras posibilidades de meterse en la liguilla final a falta de dos fechas. En el penúltimo partido, Curicó Unido debía enfrentarse al siempre rudo Deportes Santa Cruz. Bastaba un triunfo, para que Curicó dependiera de sí mismo para ir a buscar la clasificación en la última fecha ante Huachipato B en Las Higueras.
El “clásico huaso” entre curicanos y santacruzanos sufría un cambio de escenario, debido a los arreglos a los que era sometido el césped del estadio La Granja. Los recintos disponibles eran limitados, y rápidamente los dirigentes debieron decidir lo más cercano y acorde a las necesidades: se jugaría en Molina (comuna ubicada a 15 kilómetros de Curicó); excelente cancha y posibilidad cierta de ejercer la localía. Hasta ahí todo bien.

Curicó Unido 2003. Uno de los equipos que marcó un punto de inflexión para reflotar a la institución albirroja, legitimándola a nivel local.
Pero la tarde del sábado 11 de octubre comenzaba mal. Mientras los cerca de mil hinchas albirrojos trataban de capear el calor infernal en las tribunas, el árbitro aún no aparecía. Finalmente el hombre de negro no llegó, por lo que el juego comenzó con al menos una hora de retraso, y dirigido por el pito local Carlos Morales.
A pesar de los malos presagios, al término de los primeros 45 minutos el Curi ganaba con un cómodo 2-0. Entretiempo lleno de risas, gargantas hidratadas por la espumeante cerveza, y el ruido incesante del bombo de Marginales. Santa Cruz no se jugaba la clasificación (no tenía opciones), pero si el honor de dejar afuera a uno de sus eternos rivales en Tercera. Apelando a un juego rudo, que incluía patadas descaradas ignoradas por el árbitro, los azules se las ingeniaban para empatar el partido a pocos minutos del final.
Lo peor, o mejor, aún estaba por venir. Cuando el partido ya expiraba, una patada descalificadora de un jugador visitante contra un curicano fue groseramente ignorada por el referee. No así por el delantero local Omar Rivera, quien de físico prominente, no dudo en descargar su furia contra cuanto santacruzano se le atravesó. Por su parte, los hombres de la sexta región no lo hacían nada de mal, y todo el banco -incluido el cuerpo técnico-, se sumó a lo que a esas alturas parecía una batalla campal.
Mientras en la cancha todos peleaban, unos hinchas albirrojos aprovechaban el descuido y se quedaban con seis balones de la visita, a esas alturas, seis trofeos de guerra. Pero pasó lo impensado: un grupo de jóvenes molinenses las emprendía contra los curicanos a punta de piedras y amenazas. En ese tenso momento, la choreza de un curicano y su pistola de fogueo, evitaban una riña inminente.
Finalmente, los hinchas -incluido quien escribe- salían agachados en la parte trasera de las camionetas, mientras una lluvia de piedras alteraba la tranquilidad del impasible poblado. Tal como lo lee, los locales salían arrancando, tristes por la derrota y virtual eliminación, pero contentos con los nuevos trofeos de guerra, o de juego.
Seis balones que luego servirían para jugar pichangas en La Granja, haciendo menos tortuosa la eliminación del querido Curi, que a pesar de vencer en la última fecha en Las Higueras, se quedaba fuera por dos míseros puntos. El año había servido para prender a la ciudad en torno al equipo, y para aprender la lección de los santacruzanos. En definitiva, fue el día en que la Cruz no fue Santa…
Ficha del partido
Torneo Oficial Tercera División 2003
Zona Sur – Fecha 21
Estadio Municipal de Molina
Curicó Unido 2 – Santa Cruz 2
Etiquetas: 2003, Alex Barrales, Curicó vs Santa Cruz, Estadio Municipal de Molina, Omar Rivera
mayo 7, 2009 a las 2:11 am
Yo estuve en esa pelea que fue en molina, ese año yo jugue en curico me decian o me dicen tortolita, me acuerdo que hibamos gnando 2 a 0, despues ellos nos empatan y despues pasó lo que pasó, bueno un gusto en saludarlos.